hortus
Un huerto que funciona casi solo. Recoge el agua de lluvia, convierte los restos de cocina en abono y alimenta su propio suelo. Lo diseñamos para una escuela infantil, con un mantenimiento tan sencillo que lo cuidan niños de 3 años.
Este kit gratuito te explica cómo hacerlo, paso a paso: guía, calendario de siembra, fichas de hortalizas, y tarjetas y plantillas para imprimir.
Descargar los materiales ↓Todo el material, listo para usar
Perpetuum hortus es un kit gratuito. Puedes leer la guía completa aquí mismo o descargar los materiales.
¿Quieres ayuda para diseñar tu huerto o tu finca? Escríbenos a permapatterndesign@gmail.com o visita permapattern.com.
De dónde viene este kit
Perpetuum hortus nació como un proyecto para la Escuela Infantil Viento del Sur, en Puerto Real (Cádiz), con niños de 3 a 5 años. El objetivo era un huerto que funcionara casi solo: un ciclo cerrado que recoge su propia agua, convierte sus restos en abono y alimenta su suelo, con un mantenimiento tan sencillo que pudieran hacerlo los propios niños.
Mientras lo diseñábamos, nos dimos cuenta de que un sistema así no es solo para escuelas. Si lo pueden cuidar niños de tres años, lo puede cuidar cualquiera.
Por eso lo hemos convertido en un kit gratuito. Sirve para otros centros educativos, para familias que quieren hacer un huerto con sus hijos (tengan la edad que tengan) y para cualquiera que quiera un huerto productivo sin pasarse el día trabajando en él.
Nuestro deseo es sencillo: que este kit sea la excusa para dar el primer paso. Un cuadro de tierra, unas semillas… y a ver qué pasa.
Cómo usar esta guía
Esta guía tiene dos voces. Los textos normales son para los adultos (educadores, madres y padres): explican qué hacemos y por qué. Los recuadros de colores están escritos para leerlos en voz alta a los niños.
Explicaciones, pasos de montaje, avisos de seguridad y datos útiles.
Qué incluye el paquete
- Esta guía: la idea, los elementos del huerto, la tabla de plantación por cuadros, los buenos vecinos, el calendario del curso y las fichas de hortalizas.
- Tarjetas de hortalizas (A4): para imprimir en color y plastificar; sirven de cartas de juego y, después, para marcar cada cuadro plantado.
- Plantillas de plantación (A2): una por hortaliza, a tamaño real del cuadro de 33 × 33 cm, con los agujeros donde va cada planta.
No hace falta montarlo todo a la vez. El huerto puede empezar con un bancal y un compostero e ir creciendo curso a curso.
Contenido
Un huerto que se mueve solo
Desde siempre, los seres humanos buscamos la mejor relación entre la energía que invertimos y lo que obtenemos: de las primeras herramientas a las máquinas que trabajan por nosotros, del papel y el lápiz a la inteligencia artificial.
Quizá por eso nos fascina desde hace siglos la idea del perpetuum mobile: una máquina perfecta que, una vez en marcha, se mueva para siempre sin necesitar más energía. Inventores y científicos lo han intentado durante siglos. Nadie lo ha conseguido.
Pero, como dice el refrán, los árboles no nos dejan ver el bosque. Si miramos con atención a nuestro alrededor, estamos rodeados de sistemas que se parecen mucho a esa máquina soñada. Los llamamos ecosistemas: conjuntos de seres vivos que se mantienen en movimiento continuo, se autorregulan y se regeneran cuando algo los desequilibra. Su motor es el sol, que llega gratis cada día.
En un ecosistema cada ser tiene su papel. Los herbívoros controlan el crecimiento de las plantas y los carnívoros controlan a los herbívoros. Los árboles y arbustos dan refugio y alimento. Los pájaros comen frutos, abonan el suelo y dispersan semillas. Los microorganismos transforman lo que cae al suelo en nutrientes: de la muerte nace vida y el círculo se cierra.
Nos guste o no, nosotros también vivimos dentro de los ecosistemas. El agua, el aire y la comida no se fabrican en un laboratorio: nos los da la naturaleza, y ante ella toda nuestra ciencia y tecnología se queda corta.
Observando la naturaleza podemos entender cómo funciona y, con nuestra creatividad, cocrear con ella sistemas productivos: acelerar los procesos naturales y combinarlos para que nos regalen alimentos. Un sistema así, además de parecerse a un jardín del paraíso, se acerca mucho más al perpetuum mobile que cualquier máquina de laboratorio. La permacultura, la agroforestería, la horticultura sintrópica y la agricultura natural nos inspiraron para crear este proyecto.
Una vez establecido, casi todo el mantenimiento lo pueden hacer los niños, con un adulto que acompaña (y que se encarga de herramientas como las tijeras de podar).
Ojalá este proyecto nos inspire a todos, pequeños y mayores, a pensar en nuestro papel como seres humanos dentro de los ecosistemas y del planeta.
Porque en el bosque todos se ayudan. El sol da luz. La lluvia da agua. Los árboles dan sombra y frutos. Los pájaros siembran semillas. Y los bichitos de la tierra convierten las hojas caídas en comida para las plantas.
Nuestro huerto va a funcionar igual: como un pequeño bosque que nos da comida. Y nosotros vamos a ser parte del equipo.
Qué queremos decir con…
Para que las palabras no se queden en palabras, explicamos qué significan aquí, en nuestro huerto.
Sostenible
Algo que se puede mantener en el tiempo. Una vez diseñado y montado, el huerto sigue funcionando sin tener que empezar de cero cada temporada, como pasa en los huertos convencionales, donde se ara y se vuelve a empezar año tras año. El nuestro se mantiene sin labrar, con rutinas sencillas y un trabajo que no cansa. El suelo sigue vivo y fértil y podemos plantar continuamente.
Regenerativo
Siguiendo unas rutinas fáciles, el suelo mejora cada año: añadimos compost y humus de lombriz hechos con nuestros restos, sembramos cultivos que alimentan la vida del suelo y, al cosechar, dejamos las raíces en la tierra. Así el suelo se “regenera” y se llena de vida microbiana. En nuestro diseño, igual que en la naturaleza, es la vida del suelo la que da a las plantas los nutrientes para crecer.
Cada gota cuenta
Recogida de agua
Vivimos en una región donde gran parte del año hay sequía, y en muchos municipios los parques ya no se riegan por falta de agua. Desperdiciar el “tesoro azul” que cae del cielo no tiene sentido. Recogemos el agua de lluvia de los tejados, no solo para ahorrar: es además la más sana a la que tenemos acceso, y no solo para las plantas.
Ahorro de agua
Usamos sistemas de riego que desperdician lo mínimo y evitan la evaporación:
- Acolchado de materia orgánica seca (paja, hierba seca, hojas) sobre los bancales. Reduce mucho la evaporación y, en las noches frescas, puede recoger algo de humedad del rocío que gotea hacia el suelo.
- Mangueras de exudación enterradas bajo el acolchado: el agua va directa a las raíces.
- Ánforas enterradas: una vasija de barro poroso llena de agua mantiene húmeda la tierra a su alrededor.
- Riego por capilaridad (wicking bed): el agua llega por un tubo al fondo del bancal y sube hacia las raíces a través de la tierra.
Reciclaje de agua
Damos un segundo uso al agua. Con un biofiltro casero de plantas depuradoras podemos lavarnos las manos y, al mismo tiempo, regar los árboles. La planta del filtro, el vetiver, produce mucha biomasa muy rápido y es una de las plantas que fijan CO₂ atmosférico con gran eficacia, así que nuestro filtro también captura carbono.
Cultivamos sin insumos ni residuos
La agricultura convencional funciona como una línea: entra mucho por un lado y sale mucho por el otro.
- Fertilizantes de síntesis
- Herbicidas, insecticidas y fungicidas
- Semillas compradas cada año
- Plástico para acolchar y para invernaderos
- Combustible para tractores y maquinaria
- Agua de riego de pozos y embalses
- Restos de cosecha y de poda que se queman o se llevan al vertedero
- Plásticos agrícolas usados
- Envases de productos químicos
- Nitratos que se filtran y contaminan ríos y acuíferos
- Suelo que se pierde con la lluvia y el viento
- Alimentos que no llegan a comerse
Nuestro huerto funciona en círculo
En un bosque no hay basura: todo lo que cae al suelo se convierte en alimento para otro ser. Diseñamos el huerto de la misma manera, como un sistema de ciclo cerrado (en inglés, closed loop): lo que sobra en una parte del sistema es lo que necesita otra. Por eso no necesitamos comprar insumos ni tirar residuos.
| Lo que necesita el huerto | De dónde sale en nuestro huerto |
|---|---|
| Abono para las plantas | Compost, humus de lombriz y plantas que fijan nitrógeno |
| Agua | Lluvia del tejado y agua del lavabo depurada |
| Control de plagas | Biodiversidad: flores, aromáticas y refugio para insectos útiles, aves y lagartijas |
| Acolchado y materia orgánica | Hojas, hierba seca, vetiver segado, restos de poda triturados |
| Semillas | Guardamos semillas de nuestras mejores plantas (de variedades tradicionales) |
| Restos de cocina y del huerto | No se tiran: van al compostero y al lombricompostero |
No usamos fertilizantes, pesticidas ni herbicidas. Aun así tenemos un suelo fértil, un huerto sano y sin problemas de hierbas. Además del compost, alimentamos la vida del suelo con humus de lombriz, un verdadero concentrado de microorganismos beneficiosos que aumenta la vitalidad y la fertilidad de la tierra.
La mejor contribución que podemos hacer para reducir emisiones es cultivar parte de nuestra comida: la producción industrial, el transporte y la refrigeración están entre las mayores fuentes de emisiones de CO₂ de las hortalizas que compramos.
Plagas
Las plagas, tal como las conocemos en la agricultura, no existen en la naturaleza. Son, como la necesidad de arar y de abonar artificialmente, el resultado de un manejo que rompe el equilibrio de los ecosistemas, como ocurre en los monocultivos. Si concentramos en un lugar una sola fuente de alimento, atraemos a los seres que se alimentan de ella; con tanta comida a su alcance, se reproducen en masa hasta convertirse en lo que llamamos “plaga”.
Un ecosistema biodiverso, en cambio, da refugio y alimento a muchas especies que se regulan entre sí: ninguna se vuelve dominante y las plagas no llegan a aparecer. Cuanto más biodiverso sea el huerto, antes alcanzará ese equilibrio, en el que ninguna especie domina ni está amenazada.
Malas hierbas
Si entendemos cómo se regenera un ecosistema degradado, descubrimos que las “malas hierbas” no son tan malas. Son agentes de la naturaleza cuya tarea es mejorar el suelo. Cuantas más aparecen, más señal de que el ecosistema está perturbado.
La tierra está llena de semillas: en cada metro cuadrado puede haber miles, esperando. No están ahí para molestar, sino para regenerar el suelo cuando se daña. Después de arar, por ejemplo, brotan enseguida hierbas que lo cubren y lo protegen. Cada especie cumple una función: en un suelo compactado nacen plantas de raíces profundas que lo descompactan; cuando ya está suelto, dejan de prosperar.
La naturaleza siempre tiende a mejorar el suelo y crear abundancia, aunque a su ritmo: convertir un suelo pobre en fértil puede llevar años, décadas o siglos. Un suelo degradado pasa siempre por tres fases:
- Ocupación: las primeras plantas cubren el suelo, lo protegen del sol, lo descompactan, guardan la humedad y dan refugio a pequeños insectos.
- Acumulación: crecen plantas mayores, arbustos y leñosas; llegan aves y pequeños animales. La biomasa se descompone y enriquece el suelo.
- Abundancia: el suelo, ya fértil y bien estructurado, sostiene plantas que dan frutos para animales más grandes, incluidos nosotros.
Las “malas hierbas” son en realidad hierbas pioneras de la primera fase: rústicas y resistentes, por eso cuesta tanto eliminarlas. Al aportar mucho compost, ayudamos al suelo a saltar rápido a la fase de abundancia, y las pioneras ya no son necesarias.
Entonces, ¿por qué se ara en la agricultura convencional?
El arado ofrece una mejora a corto plazo: descompacta la tierra, la deja suelta y libera nutrientes. Pero sus efectos duran poco. La tierra triturada se compacta con la lluvia, a menudo más que antes, y pierde su estructura natural. La fertilidad liberada se agota rápido y la vida microbiana, clave para la salud del suelo, se reduce mucho.
Por eso el sistema convencional depende de tantos insumos externos (los vimos en Cultivamos sin insumos ni residuos), entre ellos semillas en su mayoría híbridas, cuyas semillas no dan plantas iguales a la madre, por lo que hay que comprarlas cada año.
Se ha extendido la idea de que la agricultura convencional es la única manera de producir alimentos, pero la realidad es otra. Cuanto más aprendemos sobre la naturaleza, la ecología y la biología de las plantas y del suelo, mejor podemos cooperar con ella y obtener cosechas abundantes y sanas sin depender de insumos externos ni de prácticas destructivas.
Las piezas del ecosistema
Cada espacio es distinto, así que el diseño siempre se adapta al lugar, al presupuesto, a los materiales y a las manos disponibles.
Conviene acompañar el huerto de carteles explicativos que cuenten cómo funciona cada elemento, por qué y cómo se hace cada actividad, junto con datos curiosos sobre la naturaleza y la ecología. Así el huerto se convierte en un espacio educativo, una forma de horticultura amable con el medio ambiente y divertida, que despierta en los niños el interés por la naturaleza y por producir alimentos de forma sana y sostenible.
El sistema puede empezar con pocos componentes e ir ampliándose según las necesidades y el tiempo disponible.
| Elemento | Qué hacen los niños | |
|---|---|---|
| 1 | Recogida de agua de lluvia | Riegan los bancales con el grifo del depósito de lluvia y miden cuánto ha llovido |
| 2 | Bancales con riego por exudación y cuadros | Sacan una tarjeta, plantan su hortaliza y ponen acolchado |
| 3 | Wicking bed (riego por capilaridad) | Llenan el tubo hasta que el agua sale por el rebosadero y tocan la tierra húmeda |
| 4 | Ánfora enterrada | Leen la “batería” y rellenan el ánfora |
| 5 | Frutal con su gremio (guild) | Cosechan, acolchan, cuidan las flores |
| 6 | Depuradora de aguas grises | Se lavan las manos… y riegan un árbol |
| 7 | Compostero | Traen restos de casa y los cubren |
| 8 | Lombricompostero | Dan de comer a las lombrices, observan |
Recogida de agua de lluvia
El agua del tejado, guardada para el huerto.
Cómo se hace
- Desviamos la bajante del canalón hacia un depósito de 1 m³.
- Colocamos el depósito en alto, sobre bloques de hormigón o palés, para regar por gravedad.
- Del grifo inferior sale una manguera hacia los bancales.
- El riego puede ser manual (abrir el grifo) o con un temporizador a pilas que abre y cierra el grifo a intervalos.
Actividad
Fabricar un pluviómetro con una botella cortada y una regla. Después de cada lluvia, apuntar los milímetros en un mural.
Bancales con riego por exudación y cuadros
Cartón, compost, mangueras porosas y acolchado: un bancal que no se labra nunca.
Preparación
- Ponemos varias capas de cartón (sin cinta ni plásticos) directamente sobre la tierra, solapadas y mojadas. Así no salen hierbas.
- Encima, una capa gruesa de compost maduro, de unos 20 cm.
- Enterramos en el compost las mangueras de exudación, paralelas a lo largo del bancal y separadas unos 20 cm, para que todo se riegue por igual.
- Cubrimos todo con acolchado: paja, hojas, hierba seca u otro material disponible.
Bajo el cartón, las hierbas que había se descomponen y, junto con el cartón, se convierten en alimento para lombrices y microorganismos. Mientras tanto, nuestros cultivos crecen y cubren el suelo, y ya no queda sitio para nuevas hierbas. Este método controla las hierbas de forma natural y, además, enriquece el suelo.
Plantar por cuadros (Square Foot Gardening)
El método de cultivo por cuadros es ideal para huertos urbanos y espacios pequeños. Divide la superficie del bancal en cuadrados de 33 × 33 cm con listones de madera, plástico o metal fijados a los bloques del borde.
En cada cuadro se planta una sola hortaliza, en la cantidad justa para su tamaño: 16 cebollas, 9 espinacas, 6 lechugas o 1 brócoli. Las cantidades de cada hortaliza están en la Tabla del huerto por cuadros (ver la tabla).
Plantar jugando
Para que plantar sea un juego, cada niño saca al azar una tarjeta de hortaliza: en ella está todo lo que necesita saber, desde cuántas plantas caben en el cuadro hasta cuándo se cosecha. Para colocar las plantas en su sitio se pueden usar también las plantillas de 33 × 33 cm, con el dibujo de la hortaliza y los agujeros donde va cada plantón o semilla (ver Tarjetas y plantillas).
Wicking bed: riego por capilaridad
Una cama de cultivo que bebe desde abajo.
Cómo se hace
- Usamos una caja de madera para bancal elevado, impermeabilizada con lámina plástica gruesa, o reciclamos un recipiente estanco, como una bañera vieja.
- Instalamos un tubo vertical de entrada conectado, en el fondo, a un tubo perforado horizontal que recorre toda la cama. Lo cubrimos con una capa fina de arena de río.
- Sobre la arena, una tela permeable, y encima sustrato (tierra y compost) de 20 a 30 cm.
- Regamos por el tubo, conectado al depósito de lluvia. El agua sale por los agujeros del tubo a lo largo de toda la cama y sube hacia las raíces. Cuando el fondo está lleno, el exceso sale por el rebosadero hacia otro cultivo cercano: otra cama o un árbol.
La base de la cama siempre está hidratada, y las raíces toman el agua que sube por capilaridad. Funciona especialmente bien con cultivos de raíz poco profunda: lechugas, cebollas, rabanitos y aromáticas.
Si el tamaño lo permite, se divide en cuadros de 33 × 33 cm y se planta igual, con las tarjetas y, si se quiere, las plantillas.
Bancal con ánfora enterrada
Una vasija de barro que riega poco a poco.
Es un sistema muy eficiente con el agua. Gracias a su porosidad, el ánfora llena mantiene húmedo el suelo que la rodea, justo donde están las raíces.
Cómo se hace
- Cavamos un hoyo cuadrado de 80 × 80 cm y 50 cm de profundidad y lo llenamos con una mezcla de compost y tierra.
- En el centro enterramos un ánfora de barro poroso, sin esmaltar, de unos 20 cm de ancho y 30 de alto, con la boca a ras de suelo.
- La mantenemos llena de agua y plantamos alrededor.
- Opcional: un tubo desde el depósito permite llenarla abriendo un grifo.
El indicador de nivel
Fabricamos una tapa con un tubo vertical en el centro. Dentro va un palo con un corcho que flota: si el palo sobresale de la tapa, hay agua suficiente; si baja y desaparece, toca rellenar.
Pintamos el palo con tres rayas verdes, como una batería: tres rayas, llena; dos, va bien; una sola raya, hay que añadir agua.
Frutal con su gremio
Un árbol frutal rodeado de plantas que lo ayudan… y que también nos ayudan a nosotros.
Es un bancal con un frutal mediterráneo en el centro (granado, almendro, higuera, olivo, níspero…) y plantas de apoyo alrededor. En permacultura, este grupo se llama gremio (en inglés, guild): un pequeño equipo de plantas que se ayudan entre sí.
Un gremio se diseña con dos objetivos a la vez. Primero, que estén cubiertos todos los papeles importantes del ecosistema: proteger el suelo, abonarlo, atraer polinizadores, controlar plagas, producir biomasa. Segundo, que cada planta elegida nos dé también algo a nosotros: comida, medicina, condimento o material. Entre dos plantas que hacen el mismo trabajo en el ecosistema, elegimos la que más nos aporta.
Depuradora de aguas grises
Lavarnos las manos y regar un árbol a la vez.
Las aguas grises son las que salen de actividades como lavarse las manos o fregar, excepto las del inodoro. En nuestro sistema instalamos un lavabo para que los niños se laven las manos después de trabajar en el huerto, con jabón natural.
Cómo se hace
- El agua del lavabo va a un depósito: una bañera vieja con grava y arena.
- En la grava plantamos vetiver. Sus raíces depuran el agua y absorben sustancias dañinas mientras el agua se filtra por la grava y la arena.
- El agua sale filtrada y riega un árbol o el gremio del frutal.
- El vetiver se siega con regularidad y, una vez seco, va al compost como material “marrón”, cerrando el ciclo de nutrientes.
Compostero
Los restos de casa se convierten en tierra fértil.
Cómo se hace
- Construimos una caja de 1 m³ sin fondo con palés.
- El día de huerto, los niños traen restos orgánicos de casa (cáscaras, pieles de fruta, posos de café) y los echan en el compostero.
- Cada vez que añadimos restos, los cubrimos con material rico en carbono: vetiver seco, hojas secas, hierba seca, cartón o papel reciclado.
- En primavera sembramos semillas de calabaza directamente sobre el compost. La planta le da sombra y lo protege del sol, y al final nos regala sus frutos.
- Al empezar el siguiente curso, el compost está listo para los bancales y los frutales.
Lombricompostero
Una torre de cubos donde las lombrices fabrican humus.
Se puede hacer de muchas formas. Una de las más sencillas usa tres cubos de 50 litros, como los de pintura.
Cómo funciona
- El cubo de abajo recoge los líquidos (lixiviados).
- El segundo cubo, encima, tiene agujeros en el fondo para el drenaje y el paso de las lombrices. Aquí ponemos las lombrices rojas y los restos de cocina que irán comiendo.
- Los lixiviados caen al primer cubo y así las lombrices no se ahogan.
- Cuando el segundo cubo está lleno, empezamos a llenar el tercero, colocado encima y también con agujeros. Las lombrices suben buscando comida fresca.
- El cubo de abajo queda lleno de humus listo para los bancales o los árboles. Los cubos se rotan en ciclo y en cada vuelta cosechamos humus de alta calidad.
Los lixiviados recogidos sirven para “activar” el compost con microorganismos beneficiosos.
¿Cuántas plantas caben en un cuadro?
Cada cuadro mide 33 × 33 cm. A la izquierda, cómo se reparten las plantas en el cuadro (igual que los agujeros de las plantillas); a la derecha, las hortalizas que se plantan así.
Las plantas grandes y sus vecinas
El brócoli, la coliflor y la col ocupan un cuadro cada una, pero sus hojas crecen tanto que invaden los cuadros de al lado. Por eso no se ponen dos coles en cuadros vecinos.
Lo mejor es alternarlas como en un tablero de ajedrez y plantar en los cuadros vecinos hortalizas bajas o rápidas, que se cosechan antes de que la col lo cubra todo: lechuga, espinaca, rabanito o acelga.
Los tomates y pimientos, que también van solos, agradecen una albahaca en el cuadro de al lado.
Casos especiales
- Calabacín: una sola planta ocupa un bloque de 2 × 2 cuadros. Se planta en el centro del bloque.
- Calabaza: va sobre el compostero (elemento 7).
- Guisantes: en los cuadros del lado norte del bancal, con una red o cañas, para que no den sombra a los demás.
- Judías verdes: en la tabla usamos judía enana (de mata baja), 9 por cuadro. Si preferís judía de enrame (trepadora), se planta como los guisantes: 8 por cuadro, en el lado norte y junto a una red.
¿Quién se lleva bien con quién?
Algunas hortalizas crecen mejor cerca de otras: se dan sombra, se protegen o atraen insectos útiles. Otras prefieren estar separadas. Es conocimiento tradicional de huerta; funciona como punto de partida, y lo mejor es observar y apuntar qué ocurre en nuestro huerto.
Regla fácil: cebollas y ajos, lejos de habas, guisantes y judías. Coles, lejos de fresas y tomates.
Calendario del curso escolar
Clima suave, sin heladas fuertes. En zonas de interior, retrasad un mes las siembras de primavera y adelantad las de otoño.
| sep | oct | nov | dic | ene | feb | mar | abr | may | jun | jul | ago | Cómo se cosecha | |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Lechuga | Hoja a hoja | ||||||||||||
| Acelga | Hoja a hoja | ||||||||||||
| Espinaca | Hoja a hoja | ||||||||||||
| Rúcula | Hoja a hoja | ||||||||||||
| Zanahoria | Entera | ||||||||||||
| Rabanito | Entero | ||||||||||||
| Remolacha | Entera (y sus hojas) | ||||||||||||
| Cebolla | Entera (tierna desde marzo) | ||||||||||||
| Ajo | Entero (ajetes en feb.–mar.) | ||||||||||||
| Habas | Vaina a vaina | ||||||||||||
| Guisantes | Vaina a vaina | ||||||||||||
| Brócoli | La cabeza, y luego los brotes | ||||||||||||
| Coliflor | Entera | ||||||||||||
| Col (repollo) | Entera | ||||||||||||
| Fresa | Fruto a fruto | ||||||||||||
| Perejil | Hoja a hoja | ||||||||||||
| Tomate | Fruto a fruto | ||||||||||||
| Pimiento | Fruto a fruto | ||||||||||||
| Calabacín | Fruto a fruto (pequeños) | ||||||||||||
| Judía verde | Vaina a vaina | ||||||||||||
| Albahaca | Pellizcando las puntas | ||||||||||||
| Calabaza | Entera, cuando el tallo se seca |
Columnas grises: vacaciones de verano.
El año del huerto, estación a estación
- Siembra directa: rabanitos, zanahorias, espinacas, rúcula, remolacha; habas y guisantes desde octubre.
- Plantones: lechugas, acelgas, brócoli, coliflor, col, perejil; fresas en octubre-noviembre.
- Ajos: un diente por agujero, con la punta hacia arriba (octubre-diciembre).
- Repartir el compost del curso anterior en bancales y frutales.
- Plantones: cebollas (noviembre-enero).
- Cosecha hoja a hoja: lechugas, acelgas, espinacas, perejil.
- Reponer el acolchado y mantener compostero y lombrices.
- Plantones: tomates (marzo-abril), pimientos (abril), albahaca.
- Siembra directa: judías verdes y calabacín.
- Calabaza: sembrarla sobre el compostero en abril-mayo.
- Antes del verano: acolchado grueso en todos los bancales.
Conocemos nuestras hortalizas
La frase entre comillas es para leerla a los niños. El resto es para el educador: cómo se planta, cuánto tarda, para qué es bueno y una curiosidad para contar.
Tarjetas y plantillas para plantar jugando
El paquete incluye dos materiales para imprimir, que se usan juntos: las tarjetas de hortalizas (A4, cuatro por hoja) y las plantillas de plantación (A2, una por hortaliza).
Las tarjetas
- Imprimirlas en color, recortarlas por la línea discontinua y plastificarlas, para que aguanten el agua y el sol.
- Primero sirven como cartas de juego: los niños las sacan al azar para decidir qué se planta.
- Después de plantar, se pegan o se atan a un palo o una caña y se clavan en el cuadro. Así cada cuadro queda marcado con su hortaliza, su calendario y su forma de cosecha.
Las plantillas
- Imprimir en A2 al 100 %, sin “ajustar a la página”. En una copistería basta con pedir “A2 a tamaño real”.
- Comprobar con una regla que la barra de control mide exactamente 10 cm.
- Pegar la hoja sobre cartón grueso o plastificarla.
- Recortar el cuadrado por la línea continua y los agujeros por la línea discontinua.
Cómo jugar
- Se barajan las tarjetas de la estación (consultad el calendario).
- Cada niño saca una tarjeta al azar: esa es la hortaliza que va a plantar.
- Busca la plantilla de esa hortaliza y un cuadro vacío en el bancal, y coloca la plantilla encima.
- Planta un plantón o siembra unas semillas en cada agujero, retira la plantilla con cuidado y riega.
- Por último, clava su tarjeta en el cuadro que acaba de plantar.
Cada rabanito cuenta
Esta guía cuenta una manera de hacer un huerto. No es la única ni pretende ser la mejor: hay tantas maneras de cultivar como huertos y hortelanos, y todas valen si colaboran con la naturaleza y la ayudan a regenerarse, en lugar de pelearse con ella.
Lo importante es empezar. No hace falta montar los ocho elementos, ni tener un patio enorme, ni saber latín (aunque el nombre del kit lo parezca). Basta con un cuadro de tierra, unas semillas y un poco de curiosidad.
Dicen que el planeta necesita ayuda, y casi nunca sabemos por dónde empezar. Aquí va una pista: cultivar una parte de lo que comemos es probablemente lo más útil que podemos hacer por la tierra, por la gente y por todo lo que vive en ella. Cada vez que alguien cultiva su primer rabanito, el mundo gana un poco de suelo vivo, pierde un poco de plástico y suma un hortelano nuevo.
Así que no lo subestimes: cada rabanito cuenta.